El elefante Trompita

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Antes de ser un elefante, Trompita fue una canción infantil argentina saliendo de la boca de mi pareja. A él le gusta esa canción y me cuenta como a su hermana menor, de niña, le gustaba hacer énfasis en el “Yoooo, TENgo un elefante…”. Desde entonces, cuando empezamos una frase por un “Yo” y que tardamos en seguir adelante, el otro prosigue: “Yoooo, TENgo un elefante…”. Bueno, no siempre, a veces.

La cuestión es que tengo un elefante que se llama Trompita y que pasó de ser una canción infantil a vivir en la intimidad de mi salón. En un principio, Stella tenía que ser su amiga, pero Trompita se quedó en un mundo de adultos nostálgicos. Destinado a ser el regalo perfecto de nacimiento para la hija de una amiga francesa, Trompita no salió de España, no permití que viajera en una caja. Por la ternura que despertaba en mi, por la canción de María Elena Walsh, por todo.

Yo tengo un elefante Que se llama Trompita Mueve las orejas Llamando a su mamita Y la mamá le dice “Pórtate bien Trompita Si no te voy a hacer Un chas chas en la colita”

Llevaba meses mirándome desde el escaparte de una tienda de diseño de interior de Barcelona. Junto a una ballena y a una tortuga, Trompita trabajaba de muñeco de escaparte y su función, dentro de la empresa, fue tan exitosa que un día no resistí y lo compré. Me lo llevé. Abandonó a la tortuga y la ballena posando en la moqueta delante de un sofá de diseño, para sentarse en el sofá reciclado de mi casa.

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