Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

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Muchos años después, había de recordar aquel verano en que me decidí a leer este chef d’oeuvre de Gabo. Que José Arcadio se tome 16 huevos crudos, que llueva cuatro años, once meses y dos días y que Amaranta Úrsula pinte bigotes de turco con carboncillo de cejas a la portentosa criatura de Aureliano.

Que el viento de las tumbas entre por las ventanas, que un niño nazca con cola de puerco y que existan hombres expertos en trastornos de amor, es más que realismo mágico. Es un cuento, casi de niños. Es poesía. Y despierta sonrisas.

Me ha costado tiempo entender de qué soledad de trata. Son soledades. Soles y edades. 100 años. La soledad de uno cuando se recluye en el amor. De la muerte. De nuestra condición humana. Y más allá, es la historia de la vida, una Biblia con el origen de los tiempos, plagas – la epidemia del insomnio-, guerras – treinta y dos-, mujeres hermosas y ancianas, muertes… Aún así, prefiero El amor en los tiempos del cólera.

Porque lo que más disfruto de Gabriel García Márquez es como relata el amor y el deseo. Como buen latinoamericano, habla de un amor con pasión, carnal, instintivo, bestial. El romanticismo de las escenas de encuentro con camelias, pañuelos que caen al suelo y miradas tímidas de las novelas clásicas francesas – El rojo y el negro, La dama de las camelias, la educación sentimental – solo comparte con Gabo el gusto por las cartas de amor. Creo que lo máximo, para un escritor, es saber escribir sobre los sentimientos, pulsiones y sensaciones. Eso, lo hacen los poetas.

Así empieza:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.

Mi pasaje favorito:

Entonces entraron al cuarto de José Arcadio Buendía, lo sacudieron con todas sus fuerzas, le gritaron al oído, le pusieron un espejo frente a las fosas nasales, pero no pudieron despertarlo. Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro.


Título: Cien años de soledad

Autor: Gabriel García Márquez (1927-2014)

Páginas: 496

Precio: 9.95 euros

Editorial: Debolsillo, Random House Mondadori, 2013

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