Mendigos y orgullosos, Albert Cossery

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Cada día, justo en frente de la entrada del supermercado Consum de la Calle Madrid de Barcelona, hay un hombre sentado. Un mendigo. Cada vez que paso delante de él, estoy a punto de darle una moneda, pero todavía no lo hice. Hay tantos como él. Esta escena me conecta a lo que plantea Albert Cossery en su novela: ¿Quién es más pobre, mediocre y triste? ¿El feo erudito y sin techo, adicto al hachís y que come habas hervidas o el hombre notorio, de rostro momificado esclavo del trabajo y de las leyes?

Los personajes de Mendigos y orgullosos encarnan los grandes temas de la escuela cínica que tanto despreciaba las convenciones y veía en la miseria un estado sagrado hacia la sabiduría y la dignidad. Si bien la historia transcurre en la primera mitad del siglo XX en Egipto, me recordó a la revolución egipcia del 2011 dónde las clases más postergadas no perdieron su dignidad.

En la novela, la muerte de una joven prostituta abre las puertas de una absurda investigación policial a lo largo de la cual se enfrentan los personajes Gohar, Yegen, Al Kordi y Nur al Din en un dialogo de sordos. La cortesía convive con la vulgaridad insultante y la independencia espiritual choca con la opresión del todo poderoso. Las mujeres, esos “seres débiles y sin carácter que solo poseen la belleza”, son casi inexistentes excepto a través de un burdel o la mediocridad de una madre.

En esta historia repelente pero llena de filosofía universal, todos son monstruos angustiados en búsqueda del honor y de la paz. Por su atmósfera de suciedad, la lucha de clases y porque los mendigos llaman “cerdos” a los que detienen el poder, me hizo pensar en Rebelión en la Granja de George Orwell.

Así empieza:

Ahora Gohar estaba despierto. Acababa de soñar que se ahogaba. Se incorporó sobre un codo y miró a su alrededor con ojos de recelo, todavía aturdido por la noche reciente. No volvió a soñar, aunque la realidad se acercaba tanto a su sueño que, por un momento, permaneció perplejo, plenamente consciente de un peligro que lo amenazaba. “¡Por Alá! – pensó-, ¡es la riada! El río se lo lleva todo”. Pero no intentó huir ante la inminencia de la catástrofe. Por el contrario, permaneció aferrado al sueño como un náufrago, y cerró los ojos.

Mi pasaje favorito:

Como si aquello fuera obvio. Como si una mentira oficial fuera necesariamente una verdad.


Título original: Mendiants et orgueilleux

Autor: Albert Cossery (1913-2008)

Páginas: 228

Precio: 16 euros

Editorial: Pepitas de Calabaza, 2011

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