La máquina de escribir

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*Leer en francés

Una máquina de escribir es un objeto que suele despertar alguna historia para contar o un vínculo para recordar. Para mí, es un símbolo de la infancia que me traslada al instante hasta el despacho de mi abuela, dónde, tumbada en el suelo frío, pasé largas tardes de verano jugando a ser secretaria. Hoy, uno se la cruza en un rincón vintage de una decoración de boda o en un escaparate. Un papel suele avisar al transeúnte que NO está a la venta. La mía tampoco.

Siempre quise tener una máquina de escribir. Durante años contemplé sus siluetas polvorientas de pin-up expuestas en los stands de mercadillos de segunda mano. Me acostumbré a tocarlas con los ojos y aprendí a resistir a su tentación para amplificar el placer de una compra que sabía inolvidable.

Un domingo de septiembre, paseando por el Flea Market del Raval en Barcelona, me lancé. Estaba aquí, naranja, con tinta y una nota deslizada detrás del fijador de papel indicaba su precio: 25 euros. Me hubiera gustado indagar más en su pasado pero solo aprenderé que perteneció al marido de una mujer catalana. En el metro, agarrada a la manija de su caja de transporte, la protegeré, alerta, de la amenaza de un robo al voleo, como si se trataría de un MacBook Pro.

Lo más complicado fue escribir. Si hoy puedo redactar desde mi portátil sin mirar el teclado, me fue imposible hacerlo desde mi nueva conquista. El manual de instrucciones de mi memoria estaba caducado, tardé media hora en escribir cuatro líneas que resultan tediosas de leer por la cantidad de erratas, acentos mal puestos, falta de espacios y desajustes de líneas. Escribir a máquina es ruidoso, divertido – cuando aparece el acento que buscas desde hace cinco minutos -, doloroso – cuando un anular se te queda atrapado entre dos teclas -, misterioso – tanto como usar la antigua cámara analógica de tu padre -, mágico – ver como se imprime una letra en directo -, y nada intuitivo para alguien que nació tecleando en Word.

Y tú, ¿tienes alguna historia que contar con una máquina de escribir?

 

One thought on “La máquina de escribir

  1. Mi mamá trabajaba en el arzobispado de mi ciudad y cuando yo salía temprano del colegio iba a acompañarla. Allí tenían una vieja máquina de escribir, podía estar horas escribiendo (y reescribiendo, porque un error te arruina la hoja) y era la más feliz. ¡Cómo quisiera comprarme una yo también!

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