¡Deja ya de comerte las uñas!

comerse las unas

Mi madre lo había probado todo. Hasta someterme a un ejercicio de auto evaluación tipo semáforo, con pegatinas adhesivas de color, al volver del cole. Mi manía había llegado a tal extremo que ya no bastaba con pintarme el micro milímetro de uña con esmalte amargo -me lo comía-, ni usar un chicle como sustituto y aún menos repetirme una y otra vez “¡Deja ya de comerte las uñas!”. Después de veinte años devorando la punta de mis dedos hasta la sangre, lo he dejado. Cada día tiene su pegatina de color verde y mi orgullo es tan grande que pegaría estrellas doradas.

Aún puedo recordar la foto de esta mujer con las uñas más largas del mundo en un Record Guinness Book. Sus uñas eran tan largas que tocaban el suelo formando un remolino como la piel de una manzana pelada sin levantar el cuchillo. Se parecían a las garras de Freddy Krueger pero más blandas. A los siete años, creía que todas las uñas que me comía se amontonaban en una bolsita dentro de mi estómago, y que algún día, iba a explotar o a provocarme una infección. Lo cierto es que las uñas mordidas son puros nidos de bacterias pero como muchas amigas mías se las comía, no me parecía tan asqueroso.

Desde que lo he dejado a los 25 años, me he convertido en la que dice “¡Deja ya de comerte las uñas!” cuando sorprendo a una chica rematando contra una porción ínfima de su cuerpo. Dicen que es por estrés y ansiedad. Puede ser. De hecho, aún se me ocurre tener ataques mientras miro una peli de suspense. Cuando todo había empezado por una vulgar piel. Eso es, nos comemos la piel. Nos comemos. Y porque me da mucha pena ver a una chica con las uñas mordidas, os dejo mis tips para ir intentando dejar esta manía llamada onicofagia.

  • 5 consejos para dejar de comerse las uñas

-Empezar a cuidarlas. No es porque son feas que las tienes que despreciar. Con tan solo quitar las pieles que ocupan seguramente el 50% de tus uñas, habrán ganado algunos centímetros, justo los que necesitas para darte un empujón y verlas más bellas.

-Jugar con desafíos. Es como perder kilos. Siempre es más motivador y realista querer perder dos kilos que diez. Pues lo mismo con las uñas. Empieza con una que te obligarás a NO comer. Las demás sí, si quieres. De a poco (muy de a poco), irá creciendo y fliparás con el contraste con las demás.

-Aplicar endurecedor. Todavía no tienes uñas largas pero ¿cómo van a crecer si llevan años acostumbradas a ser blandas? Para evitar que se desdoblen y rompen con facilidad, hay que endurecerlas. El producto es transparente pero por lo menos sentirás que las cuidas. Y ellas se pondrán mejor cada día. Eso sí, lleva mucho tiempo. Hasta diría un año mínimo.

-Comprar herramientas de manicura. Al principio solo usarás la cosita de cortar pieles y de limar para aparejar tus uñas. De a poco, te sorprenderás usando un corta uñas en vez de tus dientes y convertirte en esa mujer que dice “Mierda, ¡se me ha roto una uña!”. Échale un vistazo a la sección de esmaltes y págate una manicura aunque las tengas cortitas. El reto es cuidarlas. Cuidarte.

-Tener paciencia. Cuando tendrás más de dos dedos limpios, lo más probable es que se te rompa alguna uña. No te desanimes, es normal debido a la fragilidad de tus uñas. También es posible que te comas alguna porque te da rabia o porque sí. Se trata de olvidarse de tus uñas. Dejar de pensar en ellas. Dejarlas tranquilas.

Si te comes las uñas, lo más probable es que te reconozcas en mis antiguas pesadillas. ¡Ojalá llegues a sentir los placeres que vienen a continuación!

  • Mis pesadillas 

-Pedir ayuda para abrir una mandarina o atarme un collar con bucle

-Desear uñas de gel para que las de verdad crezcan debajo y escuchar: “Lo siento, no tienes suficiente uña, no las podré fijar”.

-Sentir vergüenza al teclear delante de un colega de trabajo o al señalar algo

-Replegar los dedos para dentro cuando me agarro a la barra del metro y cuando leo en público

-No poder recoger una tarjeta rígida cuando se me cae al suelo (las blandas aún se pueden doblar)

-Chuparme el dedo para cortar la sangre que corre tras mi último ataque de onicofagia

-No poder rascarme

-Perder el control hasta sentir dolor en la mandíbula, el dedo y la muñeca

-Fumar en público y pensar que cada vez que acerco mi mano a mi boca, me miran los dedos

-Ver mis dedos feos en foto

-Gritar de dolor cuando me golpeo la punta de los dedos, aunque sea un poco

  • Mis placeres

-Pasar dos horas haciéndome la manicura, coleccionar esmaltes y tener un kit de profesional

-Pedirle a mi chico que me pinte las uñas de la mano derecha

-Hacer ruido con mis uñas en la mesa, como las profesoras

-Darle el gustazo de rascarle la espalda a mi chico

-Mirarme las uñas y pensar: “Buf, cómo crecen. ¡Que palo me da hacerme la manicura!”

-Coger un libro con las dos manos y contemplar mis uñas de reojo

-Enseñar mis uñas a toda costa, hasta para apretar el botón que abre las puertas del metro

-Pagarme una manicura francesa para mi cumple

-Tomar una copa de vino con uñas bonitas

Lo mejor de todo es escuchar a mi madre decir: “Waw, que bonitas, ¡manicura francesa! No son tuyas, ¿verdad?”. Pues sí mamá, lo conseguí. Son mías. ¿Cual es el premio?

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