El Bigote, Emmanuel Carrère

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Un par de semanas después de leer “El Bigote”, me llevé una sorpresa al ver que mi padrastro no estaba afeitado como de costumbre. En vez de llevar la piel lisa, había decidido dejarse un bigote estilo candado alrededor de la boca. Le pregunté que había pasado y él me contestó que nada, simplemente quiso cambiar. Se dice que el bigote de un gato le sirve para que se mantenga en equilibrio. Y yo creo que al hombre también. El día en que el protagonista de esta novela de Emmanuel Carrère se afeitó el bigote, su cotidiano empezó a perder sentido. Ojalá mi padrastro no se vuelva loco.

Cuando en el año 1986, Emmanuel Carrère publica “La Moustache”, aún no esta de moda ofrecer un falso bigote a los invitados de un evento para que se diviertan en una sesión de fotos conocida como photobooth. En esta novela, el simple hecho de qué un hombre se afeite el bigote lo pone todo patas arriba : los diálogos son cada vez más irracionales, las situaciones son descabelladas, lo que fue ya no es o quizás nunca fue. Carrère transforma un gesto cotidiano en una metáfora de la vida misma: insignificante, absurda, grave. Ya no me parecerá tan inocente disfrazarme con un bigote de cartón.

Esta novela me puso muy nerviosa y tuve que leerla muy rápido para sacarme la angustia y la tensión que aumentaban a medida que avanzaba la historia. Al acabarla, me quedé estupefacta y perpleja como quién no consigue resolver una enigma. En una entrevista al diario El País, el autor de “Limonov” afirma que le cuesta acabar los libros y el final de “El Bigote” me decepcionó un poco porque me lo esperaba (con temor), pero reconozco que no podía ser de otra forma. Esta cita de Albert Camus lo resume todo: “La comprensión de que la vida es absurda no puede ser un fin, sino un comienzo.”

Así empieza:

-¿Qué dirías si me afeitara el bigote?

Agnès, que hojeaba una revista en el sofá del salón, soltó una breve risa y después contestó:

-Sería una buena idea.

Mi pasaje favorito:

Ninguna razón del mundo podía justificar semejante historia, a la vez absurda e irrecuperable. Ninguna razón, salvo la de la locura, que no necesita razones, o bien que tiene sus propias razones, y precisamente porque él no estaba loco, esas razones se le escapaban.


Título original: La Moustache

Autor: Emmanuel Carrère (1957)

Páginas: 179

Editorial: Anagrama, 2014

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