20 cosas que no están en mi curriculum [y mi futuro jefe debería saber]

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Quizás me presente a usted siendo Cecilia para evitar que nuestro primer encuentro quede marcado por una corrección fonética. De no ser así, le recordaré una regla básica del francés: la e final es muda. Y le daré un truco para no olvidarse: piense en la película Amélie. ¿A que no pronuncia la e final? Lo siguiente que tiene que saber es que a la larga me llamará Ceci y que no soy rencorosa. Dentro del palmarés de mis mejores apodos se encuentran Cécé, Sissi, Toutile, pitufina y pulguita. A continuación, le contaré otras 20 cosas que debería saber sobre mí y que no se encuentran en mi curriculum. Continue reading

No me gusta septiembre pero me gusta otoño

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No me gusta septiembre pero me gusta otoño. No me gusta como acaban las palabras septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Tanto en francés como en castellano, el “embre” y el “bre” me suenan fatal al oído. Son sonidos feos, aburridos y molestos como una R francesa y asquerosos como un fiambre. Son palabras demasiadas largas y complicadas para acabar el año. Se extienden como salchichas de Frankfurt de plástico y yo prefiero el frescor del melón. Prefiero el color de las vocales musicales de marzo, abril, mayo y junio. Son palabras cortas y felices en el meridiano del calendario, dónde no hay vuelta atrás, dónde quisiera que el tiempo se detenga, en medio de un brote de limonero. Continue reading

El día que le hice una promesa a un policía

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Me he convertido en una chica en bicicleta que frena al semáforo en rojo y pedalea cuando se pone verde, aunque tenga prisa y que no haya ningún coche a la vista. Mientras las demás bicis tiran para delante, me espero con disciplina, hasta sentir algo de vergüenza por no resistirme a la tentación, y luego recuerdo aquella promesa que le hice una mañana soleada a un policía del carrefour de la Avenida Diagonal con el Paseo de Gracia. Continue reading

Mi primera vez en el Camp Nou con el goal 500 de Messi

Mis ojos buscaban reconocer el andar despreocupado de Messi, la camiseta de Suárez, el bronceado natural de Neymar, la calvicie de Iniesta y la altura de Piqué. Nunca he sido una fanática del fútbol pero desde que vivo en Barcelona, me convertí en una culé más y desde hace unos meses, en una incondicional del nueve uruguayo. Tras años mirando partidos por la tele, ya sea en un bar, en casa de amigos con pizzas y empanadas o vía un página web gratis, ya no me bastaba haber visitado el Camp Nou y su museo tres veces : deseaba sentarme en las gradas del estadio más grande de Europa para ver a Messi de carne y hueso. El domingo 17 de abril del 2016, junto con mi hermano, canté el himno del Barça a pleno pulmón y tras haber perdido 1-2 contra el Valencia con el goal 500 de Messi, volví para casa con una sensación extraña. Todo había sido raro desde el principio. Continue reading

Ven a mi casa, vivo en Barcelona*

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Barceloneta, Playa de Barcelona

Al principio solo era cuestión de algunas cajas, de bolsos de ropa y de objetos fetiches. La lámpara de mi mesita de noche era lo más grande que tenía. Tras años subiendo montañas cuesta arriba con mis zapatos de senderismo, soñaba con chapotear descalza el agua salada del mar y si era posible, desde la puerta de mi casa. Vivir en Barcelona rimaba con tener vistas al mar. En lugar de eso, he vivido en habitaciones tan grandes como un armario de escobas y con vista al ascensor. Ocho años después de mi llegada a la capital catalana, estoy a punto de empujar una lavadora y guardar ropa de casa para instalarme en pareja, en un bonito piso con vista al cielo para saludar a las gaviotas. Repaso sobre seis mudanzas, seis direcciones, seis epopeyas. Continue reading

Palabras de una franco-argentina

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Plaza Francia, Barrio de Recoleta, Buenos Aires (2013)

Cuando hace dos años atrás, preparaba mi maleta para viajar a Argentina, no me imaginaba aterrizar con los pies y tobillos hinchados y aún menos desmayarme delante de la mítica librería Clásica y Moderna, por causa de la baja presión del verano porteño. Cuando hace seis años atrás, le daba mi primer beso a mi pareja originario de Patagonia, no me imaginaba adentrarme en un mundo de palabras que hicieron de mi una franco-inglesa-hispana-catalana-argentina hablante. Hoy tengo chuchos, llevo polleras, como palta y estoy a full.  Continue reading